50 años del Tratado Antártico

El primero de diciembre próximo se cumplen 50 años desde que fuera suscrito por 12 naciones, el Tratado Antártico, que en justicia es el primer documento mediante el cual las naciones renuncian a la explotación de un recurso valioso, en aras a la armonía y la planificación para la explotación racional de un recurso frágil.

Este elemento otorga al tratado dimensiones trascendentales, constituyéndose en el inicio de un paradigma de relaciones entre Estados que no sólo consideran los intereses nacionales, sino también los intereses gene-rales de la Humanidad. Se da así inicio, en 1959 a la administración planetaria conjunta, que hoy, 50 años después, se ha afirmado y consolidado en una conciencia de desarrollo, pero sustentable, y acciones man-comunadas para evitar la degradación medioambiental del planeta.

Desde otra perspectiva, el tratado muestra una forma sana, visionaria y generosa de la resolución de los pro-blemas, antes que éstos se presenten y se tiñan de emocionalidad; mostrando así que la convivencia pactada no sólo es posible, sino que si se realiza antes que los problemas se presenten, se podrá obtener soluciones óptimas, que no son factibles en un ambiente de abierta controversia.

Desafortunadamente, los actos trascendentales suelen ser poco valorados en la época en la que se produje-ron, sin embargo, en este caso aún estamos a tiempo de valorar lo que se hizo para la preservación de la Antártica como una reserva futura. Si el tratado no se hubiera firmado, probablemente la Antártica no sería capaz de mantener la reserva de hielo que aún presenta y que eventualmente puede ser la última barrera de defensa ante un aumento sostenido de la temperatura planetaria.

Fue el trabajo sostenido y silencioso de un grupo de

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